miércoles, 19 de agosto de 2009

Amar a alguien como a uno mismo


Aquella entrega desmedida de amor por la humanidad de la que nos hablaba el ágape, por aquel que es igual por ser humano, aunque por clasificaciones y etiquetas que ha implantado el hombre no se le considere como un igual, no puede ser más que amar a alguien como a uno mismo. Pero para esto, es necesario primero amarse uno mismo para brindar a los demás amor, pues no puede darse lo que no se conoce. Amarse a sí mismo, significa encontrar el bienestar espiritual e interno que nos permita despertar y decir -“está lloviendo, que dicha”- o decir “que calor, que bueno”. Es levantarse y sentir que en mí está la fuerza para hacer las cosas diferentes, y que no hay nada a lo que me aferre, porque con nada nací, y con nada puedo ser feliz. Aquel que se alegra por nada, lo posee todo. Y hasta que empezamos a amarnos, podemos darnos cuenta de que si aún con todos nuestros “defectos” nos amamos, podemos amar a alguien más, sin necesidad de que este nos retribuya. Entonces si tengo la capacidad de brindarme una sonrisa por amor, soy capaz de brindarle una sonrisa por amor a alguien. Y porque no, a “alguienes”. Hasta tal punto de comprender que el bienestar de alguien más es mí bienestar, por es igual a mí, y si yo poseo amor en mí, ese alguien posee amor en él. Y así voy amando hasta el final, como a mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario