martes, 24 de marzo de 2009

EL AMOR ÁGAPE

El amor, un tema tan común (por entablarlo de alguna forma), y sin embargo con tantos agujeros, sin fondos, cuestionantes y pocas respuestas. Inspiración de poetas y pintores, de doctores y sacerdotes, de madres y amantes, de empresarios y republicanos, terroristas y religiosas, ¡Oh, sí! El amor, tema de todos, ignorado por muchos. Pero, ¿existirá un solo amor o varios tipos?, ¿cómo para una palabra pueden haber miles de conceptos? Si se le pregunta el concepto que manejan de amor a trescientos seres humanos, los trescientos contestarán algo completamente diferente, ¿Por qué? Bueno, todos percibimos el amor de diferentes maneras, algunos hemos amado más que otros, otros mejor, algunos luchamos por encontrarlo y otros por huir de este, pero enfrentémoslo, todo ser humano a escuchado, percibido, saboreado, visto e incluso olido el amor, pues este se presenta de mil y una formas, todas distintas, y toda persona, lo experimenta de una manera diferente a los demás.
Es interesante como cuando, por ejemplo, empezamos una relación con una persona, existen mil maneras de iniciar una relación (una larga amistad y después el noviazgo, una simple casualidad del destino en el momento exacto en el lugar correcto, atracción física y deseo sexual, amor a primera vista, etc.), pero sea a como sea, una relación. Y después de cierto tiempo, te das cuenta de que amas a esa persona, que no importa cuantos defectos tenga, si es gordo(a) o muy flaco(a), si su estatura no es la más atractiva, si discutimos mucho o no peleamos por nada, si padece de celos o parece que no le importa en lo más mínimo con quien hables o que hagas, sea a como sea, sabes que lo(a) amas. Pero, ese amor no se parece en lo absoluto al amor que sientes por tu madre, por un hermano, por tu mejor amigo(a), mucho menos por tu auto, o el celular, o la cadena que te regaló aquella persona tan especial, la carrera que llevas, o el amor que sientes hacia Dios, y no sé, pero al menos yo, me he preguntado: ¿cómo es posible querer de tantas maneras y sentir diferentes formas de amor, después de todo amor es amor, cierto?
Para muchos idiomas, amar, y toda su conjugación se utiliza como un todo general, me explico: “¡Te amo!” (Se le dice a una mamá, a un novio, a una amiga, a Dios, a una abuela), “Amo el helado de choco-almendras”, “¡Uy! Yo amo esa película”. “Amo”, “amor”, “amar”, “amé”, decir te quiero, decir amor, parece que lo decimos como si no significasen nada. Simplemente, una palabra más. Pero, investigando un poco para poder realizar este ensayo, observé que en otras culturas, específicamente en la griega, se hacía una diferenciación entre los tipos de amor, curioso: TIPOS de amor. Eso responde a mi pregunta, en definitiva existen muchas formas de amor, puesto que en este mundo, a mi percepción de la vida, lo realmente verdadero es el amor, de ahí en adelante, TODO puede ser una farsa. En nombre del amor, se han dado, dan y darán tantos acontecimientos (históricos y no tan notorios), pero sí, todo por amor.
Retomando lo de la cultura griega (su separación en los conceptos de amor), el sistema de los griegos, fue bastante elaborado. Pues ellos razonaron en este uso deliberado de la palabra amor, o más bien, en las diferentes formas de amar que existían y crearon cuatro definiciones para dichas clases de amor: el Eros: que a lo que comprendí, es un amor carnal, pasional, y que básicamente se da entre una pareja, se podría decir que un amor erótico. El Fileo: un amor entre padres e hijos, un amor de lazos filiales, de ahí la palabra. El Storge lo utilizaban para referirse a ese amor que se tiene en una amistad, es decir, entre amigos, esos lazos fuertes que inclusive a veces llaman más que la sangre. Y el último, pero no menos importante, el Ágape, que es un amor que sólo puede provenir de una fuerza mayor, al ser humano y a su voluntad propia. A creencia de los griegos (la cual comparto) es un amor que solo Dios, puede darnos.
Es precisamente este último tipo de amor, el que realmente importa en este ensayo, ¿por qué?, bueno, es muy fácil amar a nuestra familia, se dice por ahí que la sangre llama; es súper sencillo querer a quien nos quiere (llámese novio(a), amigo(a), esposo(a), jefe(a), doctor(a)) porque no nos hace ningún daño, al contrario, busca nuestro bienestar. Pero, y voy a poner un ejemplo para explicarme: es lindo sentir ese amor hacia una pareja, sientes que das el mundo entero por él/ella de ser necesario, pero, ¿qué pasa si te engaña con otra, y descubres que es infiel?; lo(a) odias, no quieres tenerlo(a) cerca ni un instante, lo(a) alejas y bueno… ¿a dónde fue aquel grandísimo amor que sentías?. Se sobreentiende que no es fácil perdonar, “¿Yo?, ¿Hablarle a ese(a) sinvergüenza? NUNCA, ¿porqué si él(ella) me mintió?” y toda una retahíla increíble. Bueno, precisamente el amor ágape, es esa clase de amor que permite que saludes a tu ex-pareja y no sientas el más mínimo rencor hacia ella.
Nótese, que esta clase de amor, es un amor completamente desinteresado, no hay ganancia de por medio, más que ver al otro o los otros individuos felices. Y como humanos que somos, esto nos resulta un tanto bastante difícil. ¿Porqué? Bueno, a mi parecer, vivimos en una sociedad completamente individualista, a nadie le importa qué suceda con el vecino de la par, el compañero de trabajo, el indigente de la acera, el diputado corrupto de la Asamblea, el buen ministro, el Sr. Presidente, el sacerdote de la Parroquia tal, o la esposa del pastor de aquella congregación “X”. No, ya nada importa, no interesa si una actividad que queremos llevar a cabo le afecta a los otros a mi entorno, es como “primero yo, segundo yo y lo que queda, para yo”. YO, YO, YO.. y cuando vemos, estamos jugando yo-yo, arriba y abajo, arriba y abajo, pero nunca, jamás, al lado.
Y el amor ágape, es muy puro para esta sociedad tan basura, tan individualista. El amor ágape, se interesa por ayudar, brindar amor, ser inocente, servicial, ser esa gota de agua en el desierto, ese hombro cuando nos vamos a caer, es ese amor que impulsa a una persona a que no le importe si tiene que ir a limpiar mierdas a un pordiosero, porque lo que realmente nota, es que está dejando limpio a su semejante. Ese amor que impulsó a la Madre Teresa de Calcuta a dejar toda riqueza material y encontrar la mayor riqueza del mundo, la sonrisa agradecida de un alma necesitada. Ese fervor que sienten los trabajadores voluntarios o los misioneros que dejan a sus familias, países, costumbres, seres querido y demás, por ir a ayudar a otros seres humanos.

A mi parecer, es esta, la clase de amor que solo Dios puede otorgar a un ser humano, porque, por sí solos, si encontrarse a sí mismos, y sin observarse (hacia adentro), el ser humano realmente, es horrible e incapaz de preocuparse por los demás pues solo ve nada. Es este amor, aquel que no se nos otorga al nacer, y que mientras duré nuestra vida, debemos luchar por ganarlo, al menos por acercárnosle… pues nos convierte en mejores personas. Ágape, ama, sin peros, sin reservas, aclaro, no es que sea un amor impulsivo o pasionario, es que si tienes que morir por salvar a una persona, inclusive si no la conoces o es tu enemigo, lo haces y con amor, sin esperar nada a cambio, porque salvaste la vida de alguien a quien amas, no porque le conoces o le aprecias, si no porque le aceptas como uno igual a ti, semejante.
Respaldo mi argumento de que viene solo de Dios: en la Biblia, está tipificado en Romanos 5:5: “...porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". Solo, por medio del Espíritu, conseguimos amar. Y más claro está en la Primera Carta de Juan (4:7-8): “Amados, amaos los unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” Solo aquel que esta íntimamente ligado con su espiritualidad, puede poseer un amor ágape, y estar dispuestos a dar lo que sea, por quien sea.

jueves, 19 de marzo de 2009

Ensayo: El Abogado del Diablo

El Abogado del Diablo

“… ¿Un abogado con conciencia? Increíble…”
Inicié mi ensaño con una frase, expresada por un reportero en la película El Abogado del Diablo, ¿Porqué? Fácil, se habla de miles de profesiones y se les asocia con una labor precisa, específica, veamos; doctores: salvar vidas, arquitectos: diseñar planos, pintores: elaborar obras de arte, ingenieros químicos: crear productos, educadores: enseñar, criminólogos: investigar escenas de crimen; y así con cada una de las profesiones o los oficios. Sin embargo, si se pregunta por la labor de un abogado, ¿se tiene una respuesta específica? No. Pero si hay muchas conjeturas acerca de ellos, por ejemplo: ladrones, mentirosos, embusteros, traicioneros, corruptos, estafadores, mediadores, ambiciosos, y otro montón de… cualidades. Más no se le conoce a un abogado como justiciero. Porque si bien toda persona tiene derecho a ser juzgada antes de ser condenada, existen personas que para la sociedad son malas, y que estas estén siendo defendidas por un abogado, hace que se considere a este igual o peor que su cliente. Lo que lleva a la gente a pensar que como abogado, se carece de conciencia.

Lo irónico e ilógico de la vida, es que en las manos de un abogado se encuentra el manojo de cartas que definen la vida de cientos de personas, directa o indirectamente: el valor de la inocencia robada a una niña, los años de libertad que le quedan a un asesino, el futuro de una empresa, la reputación de un fulano, la seguridad de su familia, el bienestar de sus testigos, la opinión pública, y un sin número de cosas más. Lo más curioso, lo realmente intrigante, es como esta posesión de poder, ciega desde el más corrupto, aquel que solo posee la ambición de tener una firma grande y ganar mucho dinero, hasta al más justo, aquel que al jurar, realmente lo hacía con la esperanza y el deseo de cumplir su juramento.

Entonces, ¿cómo puede ser posible que un abogado carezca de conciencia, si tiene tanta responsabilidad en sus manos? Tal vez es cierto, por tanto poder, se pierde el sentido lógico, común, inclusive la dirección tomada, el camino elegido, se da una variación de lo que se considera correcto o incorrecto, y cierta incertidumbre sobre lo que se debe hacer y lo que no. Es trágico, así no debería suceder, pero le ocurre a la mayoría de humanos que prueban el exquisito sabor del poder por lo menos por un microsegundo, ¿ahora a un abogado, que convive a diario con este? Sí, tal vez, solo tal vez, sea muy fácil caer en esa divina tentación. Y entonces se empiece a hablar de una carencia de conciencia, porque llega un punto en el que ya no importa lo que se deba hacer con tal de mantenerse constante en el poder.

La trama de El Abogado del Diablo, trata de un abogado exitoso, llevaba una racha de ningún caso perdido, persuasivo, intrigante, conciso, elocuente, el tipo daba justo en la llaga, y ganaba todo caso, reunía en sí las características necesarias y otras especiales y únicas que lo convertían en todo un prodigio en materia legal. Sin embargo, uno de sus casos, lo llevo a enfrentarse con una realidad cruel, su cliente era culpable, (¿Qué hacer? ¿Seguir con la racha de no pérdidas, o, liberar a un culpable?) Como podría verse al espejo y saber que había dejado libre a un monstruo, pero al mismo tiempo, como verse al espejo y saber que pudiendo, no ganó un caso.
Me detengo acá, para iniciar un pequeño debate. Que tal la siguiente situación: Eres un(a) abogado(a), a tu asignación tienes un caso de renombre, además, tienes la gloria y la fama, tan anheladas por cualquier humano, y tienes suficientes pruebas y fundamentos para seguir manteniendo tu prestigio y tu buen desempeño en la corte, pero, ¡sorpresa!: tienes al culpable en tus manos, lo peor, es que sabes que es culpable, entonces, ¿que harías? ¿Lo defiendes hasta demostrar su “inocencia”? o ¿Dejas el caso, te retiras y te responsabilizas de las consecuencias correspondientes a tu acto?

Aquí es donde, a opinión personal, empieza la lucha interna de un abogado, cuando todavía posee y además acepta y practica como suya una moral. Pero entonces, también esta la bendita soberbia, característica de nosotros los humanos, además de la constante ¿Qué dirán?, y esto sumado a la vanidad, dulce vanidad, nos ayuda a crear un monstruo, careciente, no de conciencia, si no de humanidad; ahora lo que tenemos es una máquina, ambiciosa de triunfo, tenga este el precio que tenga. Dispuesta a comprar inclusive con sangre humana una victoria. Una guerra, entre la moral y la vanidad, entre lo que creemos correcto y lo que hemos visto siempre como incorrecto. El problema es que también se nos ha enseñado que ganar es certero, y que hay que desempeñar un buen trabajo siempre. Pero también se nos inculca que debemos decir la verdad, inclusive disfrazarla es malo. Y… si, ¿cómo librar y además salir victorioso de esta dichosa batalla?

Prosigo con la película; el afortunado abogado, escogió su fama y prestigio, por encima del crimen cometido por su cliente. Después de tan afortunado resultado: la victoria, decidió celebrar. Entonces, inesperadamente recibió una oferta de trabajo que, ¿cómo rechazarla, si le ofrecía la propuesta de convertirle en poseedor de una exquisita cantidad de oro verde? Así que acepto, pero al llegar a su nuevo trabajo, empezó a observar que sus casos tenían algo peculiar, sus clientes eran culpables, lo que hizo en su antiguo juicio, tuvo que repetirlo, una y otra vez. La trama continúa y él se da cuenta de que lo único que tiene, es dinero. Maldito dinero que saca de cualquier hombre los más viles sentimientos. Lo que continúa de la película, es una buena trama, pero no es realmente necesario para mi ensayo.

Lo más importante de la trama, a mi parecer, radica en: ¿Porqué un abogado? ¿Porqué no doctor, o ingeniero, o arquitecto? El diablo, elige un bufete de abogados para sus intenciones. Más real, un cinematógrafo elige esta profesión para su película, ¿qué quiso dar a entender con eso? Fácil: “la Ley, nos da acceso a todo. Es el paso supremo para entrar a los camerinos, es el nuevo sacerdocio” Existen más estudiantes de Derecho que abogados caminando por las calles, ¿porqué? Porque es excitante, relajante, única, poderosa, es “matar con gentileza” a aquel que se nos imponga, encierra la ambición y el exquisito sabor del conocimiento, mejor aún, saber que se este se posee.

La clave de un abogado, mantenerse inocuo, tranquilo, después de todo: “a todo perro le llega su huesito”. La astucia del diablo: NADIE lo ve venir, pero el llega. Indiferentemente de si exista un diablo o no, lo que menos se espera, nuestro mayor miedo, nuestro peor temor, esta siempre a la vuelta de la esquina.

martes, 17 de marzo de 2009

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.