El Abogado del Diablo
“… ¿Un abogado con conciencia? Increíble…”
Inicié mi ensaño con una frase, expresada por un reportero en la película El Abogado del Diablo, ¿Porqué? Fácil, se habla de miles de profesiones y se les asocia con una labor precisa, específica, veamos; doctores: salvar vidas, arquitectos: diseñar planos, pintores: elaborar obras de arte, ingenieros químicos: crear productos, educadores: enseñar, criminólogos: investigar escenas de crimen; y así con cada una de las profesiones o los oficios. Sin embargo, si se pregunta por la labor de un abogado, ¿se tiene una respuesta específica? No. Pero si hay muchas conjeturas acerca de ellos, por ejemplo: ladrones, mentirosos, embusteros, traicioneros, corruptos, estafadores, mediadores, ambiciosos, y otro montón de… cualidades. Más no se le conoce a un abogado como justiciero. Porque si bien toda persona tiene derecho a ser juzgada antes de ser condenada, existen personas que para la sociedad son malas, y que estas estén siendo defendidas por un abogado, hace que se considere a este igual o peor que su cliente. Lo que lleva a la gente a pensar que como abogado, se carece de conciencia.
Lo irónico e ilógico de la vida, es que en las manos de un abogado se encuentra el manojo de cartas que definen la vida de cientos de personas, directa o indirectamente: el valor de la inocencia robada a una niña, los años de libertad que le quedan a un asesino, el futuro de una empresa, la reputación de un fulano, la seguridad de su familia, el bienestar de sus testigos, la opinión pública, y un sin número de cosas más. Lo más curioso, lo realmente intrigante, es como esta posesión de poder, ciega desde el más corrupto, aquel que solo posee la ambición de tener una firma grande y ganar mucho dinero, hasta al más justo, aquel que al jurar, realmente lo hacía con la esperanza y el deseo de cumplir su juramento.
Entonces, ¿cómo puede ser posible que un abogado carezca de conciencia, si tiene tanta responsabilidad en sus manos? Tal vez es cierto, por tanto poder, se pierde el sentido lógico, común, inclusive la dirección tomada, el camino elegido, se da una variación de lo que se considera correcto o incorrecto, y cierta incertidumbre sobre lo que se debe hacer y lo que no. Es trágico, así no debería suceder, pero le ocurre a la mayoría de humanos que prueban el exquisito sabor del poder por lo menos por un microsegundo, ¿ahora a un abogado, que convive a diario con este? Sí, tal vez, solo tal vez, sea muy fácil caer en esa divina tentación. Y entonces se empiece a hablar de una carencia de conciencia, porque llega un punto en el que ya no importa lo que se deba hacer con tal de mantenerse constante en el poder.
La trama de El Abogado del Diablo, trata de un abogado exitoso, llevaba una racha de ningún caso perdido, persuasivo, intrigante, conciso, elocuente, el tipo daba justo en la llaga, y ganaba todo caso, reunía en sí las características necesarias y otras especiales y únicas que lo convertían en todo un prodigio en materia legal. Sin embargo, uno de sus casos, lo llevo a enfrentarse con una realidad cruel, su cliente era culpable, (¿Qué hacer? ¿Seguir con la racha de no pérdidas, o, liberar a un culpable?) Como podría verse al espejo y saber que había dejado libre a un monstruo, pero al mismo tiempo, como verse al espejo y saber que pudiendo, no ganó un caso.
Me detengo acá, para iniciar un pequeño debate. Que tal la siguiente situación: Eres un(a) abogado(a), a tu asignación tienes un caso de renombre, además, tienes la gloria y la fama, tan anheladas por cualquier humano, y tienes suficientes pruebas y fundamentos para seguir manteniendo tu prestigio y tu buen desempeño en la corte, pero, ¡sorpresa!: tienes al culpable en tus manos, lo peor, es que sabes que es culpable, entonces, ¿que harías? ¿Lo defiendes hasta demostrar su “inocencia”? o ¿Dejas el caso, te retiras y te responsabilizas de las consecuencias correspondientes a tu acto?
Aquí es donde, a opinión personal, empieza la lucha interna de un abogado, cuando todavía posee y además acepta y practica como suya una moral. Pero entonces, también esta la bendita soberbia, característica de nosotros los humanos, además de la constante ¿Qué dirán?, y esto sumado a la vanidad, dulce vanidad, nos ayuda a crear un monstruo, careciente, no de conciencia, si no de humanidad; ahora lo que tenemos es una máquina, ambiciosa de triunfo, tenga este el precio que tenga. Dispuesta a comprar inclusive con sangre humana una victoria. Una guerra, entre la moral y la vanidad, entre lo que creemos correcto y lo que hemos visto siempre como incorrecto. El problema es que también se nos ha enseñado que ganar es certero, y que hay que desempeñar un buen trabajo siempre. Pero también se nos inculca que debemos decir la verdad, inclusive disfrazarla es malo. Y… si, ¿cómo librar y además salir victorioso de esta dichosa batalla?
Prosigo con la película; el afortunado abogado, escogió su fama y prestigio, por encima del crimen cometido por su cliente. Después de tan afortunado resultado: la victoria, decidió celebrar. Entonces, inesperadamente recibió una oferta de trabajo que, ¿cómo rechazarla, si le ofrecía la propuesta de convertirle en poseedor de una exquisita cantidad de oro verde? Así que acepto, pero al llegar a su nuevo trabajo, empezó a observar que sus casos tenían algo peculiar, sus clientes eran culpables, lo que hizo en su antiguo juicio, tuvo que repetirlo, una y otra vez. La trama continúa y él se da cuenta de que lo único que tiene, es dinero. Maldito dinero que saca de cualquier hombre los más viles sentimientos. Lo que continúa de la película, es una buena trama, pero no es realmente necesario para mi ensayo.
Lo más importante de la trama, a mi parecer, radica en: ¿Porqué un abogado? ¿Porqué no doctor, o ingeniero, o arquitecto? El diablo, elige un bufete de abogados para sus intenciones. Más real, un cinematógrafo elige esta profesión para su película, ¿qué quiso dar a entender con eso? Fácil: “la Ley, nos da acceso a todo. Es el paso supremo para entrar a los camerinos, es el nuevo sacerdocio” Existen más estudiantes de Derecho que abogados caminando por las calles, ¿porqué? Porque es excitante, relajante, única, poderosa, es “matar con gentileza” a aquel que se nos imponga, encierra la ambición y el exquisito sabor del conocimiento, mejor aún, saber que se este se posee.
La clave de un abogado, mantenerse inocuo, tranquilo, después de todo: “a todo perro le llega su huesito”. La astucia del diablo: NADIE lo ve venir, pero el llega. Indiferentemente de si exista un diablo o no, lo que menos se espera, nuestro mayor miedo, nuestro peor temor, esta siempre a la vuelta de la esquina.
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