martes, 16 de junio de 2009

El examen más… extraño que he hecho.

La idea de que el amor nos ayude a hacer una investigación, que este sea parte de un curso titulado Sistemas de Razonamiento e Investigación Jurídica, más aún, que tenga un lugar en la ciencia jurídica y el derecho positivo que nos rige, seguro hubiese hecho que Hans Kelsen despertara de su tumba solo para volver a morir y curiosamente, a mí también me parecía estúpido. Pero entre todos los ensayos que hemos hecho, está el del amor ágape, que nos habla de una entrega absoluta y de tomar amor a todas las cosas que hacemos; y si bien es cierto, que en ningún libro de derecho, por lo menos no de los que he visto, se menciona al amor, mucho menos al ágape, qué mejor que hacer con amor toda investigación que hagamos hoy o en nuestra futura profesión. Como abogados, no se nos exige amar al cliente o ser solidarios con el oponente, pero sabemos que para guiarnos por la justicia y lograr que esta triunfe, debemos entregar el todo por el todo, es decir alma, vida y corazón. Y creo firmemente, que solo con amor, se puede lograr una investigación en la que tengamos que empaparnos de está, y conseguir al fin una respuesta, solución o denuncia concreta, que sea nuestro aporte solidario a la vida. Un ejemplo claro de esto, es Sicko, el reportaje de Michael Moore que nos muestra la realidad, por más cruel que sea, pero que demuestra la entrega y el empeño total que tuvo Moore al hacer su investigación, que sin duda alguna, nos enseña que el poder para el cambio está en nosotros mismos, y como dije en mi examen, es hoy que hay que hacerlo.
El problema con los seres humanos, es que vivimos en un constante caos, pensando siempre en un futuro, que creo, es lo que nos hace mantenernos en ese caos. Buscamos siempre una estabilidad en la vida, pero no aprendemos a convivir con lo que tenemos y solo para quejarnos servimos. El problema está en que entre más nos quejemos menos estabilidad habrá, y viviremos siempre en caos. Ahora, creemos que la estabilidad nos lleva a un orden, pero ¿cómo saber si es orden, si nunca hemos vivido en caos? En realidad, sucede que los seres humanos nos adaptamos muy rápido, y nos conformamos con un paradigma que se nos plantea, lo que empezamos a considerar “orden”, y si se nos altera ese “orden” decimos: “esto es un caos”, pero nos damos cuenta de que en realidad, ese caos sólo es romper con un paradigma planteado, y que lo necesitamos, para ver realmente cual es el orden que en verdad queremos y necesitamos, y no un simple orden que se nos ha planteado. Que el caos necesite del orden, y el orden necesite del caos, es lo que se conoce como ley de la complejidad.
Ese paradigma que se nos plantea, es todo lo que conocemos, y aceptamos como cierto y es el que nos impide ver más allá de esos lentes que nos implanta la sociedad; es eso que Ekhart Tolle denomina “lo no manifestado”, que es lo que realmente somos, lo que encontramos cuando nuestro orden planteado encuentra caos, y rompemos el frasco de apariencia en el que nos hemos encerrado por medio de la fuerza interior que poseemos, es ahí, cuando lo no manifestado surge de nuestro interior, y empezamos a ser.
Pero aprender todo esto, no se puede hacer separadamente; bien sabemos que la separación sólo nos conduce a crisis y problemas, pues no encontramos unidad ni con nosotros mismos. Es por eso que se insiste en una enseñanza holística que nos guíe a un mejor aprendizaje de nuestra vida y de lo que nos rodea. Por último, ese paradigma que se nos plantea, tiene una consecuencia que por lo general dejamos de lado: nos priva de ser lo que somos. Desde este punto enfocaría una investigación que enfocaría con el siguiente problema: ¿la privatización nació de nosotros, porque inclusive nosotros nos privamos de sí mismos? Es todo.

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