Cuando se le pide a ese observador observado, que está en constante crítica y reclamo con el mundo, con la vida, con los demás y con él mismo, que por un minuto, tan solo un minuto, deje de observar a los demás, a los errores que existen y deje de quejarse, porque eso no le sirve de nada, lo que probablemente se puede obtener por respuesta es: “así estoy bien, pero gracias.” Pero estar observando y criticando constantemente, nos conduce a una conducta individualista, en la que yo importo, y lo demás, bueno, eso no cuenta; y así se convierte nuestra vida, individualista; todo a nuestro alrededor estorba: el trabajo, la familia, bañarse, comer, ver tele, no escuchar música, que nos inviten a una fiesta, o que no nos inviten, que llueva, que haga sol, que gane Oscar Arias, o que gane Ottón, ser comunista o ser capitalista, o no ser nada, vivir o no vivir porque todo DA IGUAL. Y cuando todos son observadores criticones que no se observan a sí mismos, habitantes todos de un mismo lugar: el mundo, dividido este en países, pasamos a vivir en un país de “yo”, de muchos “yos”, donde “yo” importo, y soy el único que piensa correctamente, que sé la “verdad” y que puede juzgar a los demás. Costa Rica, mi país… este, es un país de “yo”, donde el nosotros que nos invita a una colectividad y un pensar en el bien común, ha quedado atrás, y no habita en la mente del ser costarricense.
No hay comentarios:
Publicar un comentario