Aquella entrega desmedida de amor por la humanidad de la que nos hablaba el ágape, por aquel que es igual por ser humano, aunque por clasificaciones y etiquetas que ha implantado el hombre no se le considere como un igual, no puede ser más que amar a alguien como a uno mismo. Pero para esto, es necesario primero amarse uno mismo para brindar a los demás amor, pues no puede darse lo que no se conoce. Amarse a sí mismo, significa encontrar el bienestar espiritual e interno que nos permita despertar y decir -“está lloviendo, que dicha”- o decir “que calor, que bueno”. Es levantarse y sentir que en mí está la fuerza para hacer las cosas diferentes, y que no hay nada a lo que me aferre, porque con nada nací, y con nada puedo ser feliz. Aquel que se alegra por nada, lo posee todo. Y hasta que empezamos a amarnos, podemos darnos cuenta de que si aún con todos nuestros “defectos” nos amamos, podemos amar a alguien más, sin necesidad de que este nos retribuya. Entonces si tengo la capacidad de brindarme una sonrisa por amor, soy capaz de brindarle una sonrisa por amor a alguien. Y porque no, a “alguienes”. Hasta tal punto de comprender que el bienestar de alguien más es mí bienestar, por es igual a mí, y si yo poseo amor en mí, ese alguien posee amor en él. Y así voy amando hasta el final, como a mismo.
Presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión. William Shakespeare
miércoles, 19 de agosto de 2009
Amar a alguien como a uno mismo
Aquella entrega desmedida de amor por la humanidad de la que nos hablaba el ágape, por aquel que es igual por ser humano, aunque por clasificaciones y etiquetas que ha implantado el hombre no se le considere como un igual, no puede ser más que amar a alguien como a uno mismo. Pero para esto, es necesario primero amarse uno mismo para brindar a los demás amor, pues no puede darse lo que no se conoce. Amarse a sí mismo, significa encontrar el bienestar espiritual e interno que nos permita despertar y decir -“está lloviendo, que dicha”- o decir “que calor, que bueno”. Es levantarse y sentir que en mí está la fuerza para hacer las cosas diferentes, y que no hay nada a lo que me aferre, porque con nada nací, y con nada puedo ser feliz. Aquel que se alegra por nada, lo posee todo. Y hasta que empezamos a amarnos, podemos darnos cuenta de que si aún con todos nuestros “defectos” nos amamos, podemos amar a alguien más, sin necesidad de que este nos retribuya. Entonces si tengo la capacidad de brindarme una sonrisa por amor, soy capaz de brindarle una sonrisa por amor a alguien. Y porque no, a “alguienes”. Hasta tal punto de comprender que el bienestar de alguien más es mí bienestar, por es igual a mí, y si yo poseo amor en mí, ese alguien posee amor en él. Y así voy amando hasta el final, como a mismo.
¿Qué es el curso Sistemas de Razonamiento e Investigación Jurídica?
Según la cátedra y la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica, no tengo la menor idea. Se rumora por ahí que es un curso para aprender a hacer buenas investigaciones como futuros abogados, o para entrañar en la intención de una ley o un proyecto de ley, un decreto o un simple reglamento. Con el profesor Adonay Arrieta, el curso da un giro de 360º, y no es que deje por fuera lo que la Facultad quiere que aprendamos, sino que hace que de verdad lo aprendamos y no nos limitemos a estudiar para pasar un examen. En este curso, es necesario abrir la mente, tener disposición, dejar el miedo atrás y empezar a pensar con una conciencia lúcida. Con el curso se pretende lograr investigaciones elaboradas y que no sean un trabajo más sino un aporte a la humanidad, pero como no toda la humanidad va a ver las investigaciones que hagamos, por lo menos logramos a la hora de hacer un buen trabajo, un crecimiento interno y… ¿por qué no? Espiritual.
sábado, 11 de julio de 2009
Sistemas de Razonamiento y la conciencia
Busco siempre tener la conciencia tranquila, pero solo yo trabajo en mortificar mi conciencia, soy yo la que no se acepta, busca quedar bien, y la que no encuentra lo que busca. Pero a través de estos meses, en los que pude comprender que realmente yo soy lo que soy, sin que nadie más tenga que opinar al respecto; después de descubrir que puedo hacer mucho porque dentro de mí existe una fuerza para hacerlo, y ahora que después de meditarlo, descubrí que vivía con muchos miedos y muchas creencias que inclusive se contradecían entre sí, puedo afirmar que mi conciencia, entro como una bebé en pañales, y ahora, tiene la capacidad de no tomar nada por sentado, investigar un poco, y motivarme a dar todo de mí misma. Ahora puedo comprender que la raíz de todos esos problemas que por lo general me invaden, es que yo permitía que lo hicieran, y que no existe nada que por mí fuerza interior, no pueda superar. Preguntarme el porqué de tal o cual situación, me ha ayudado inclusive a superar mi miedo por las cucarachas… después de casi dieciocho años. En estos meses, he alcanzado todo un logro a en mi vida: comencé a vivir con una “Lucem Aspicio”.
martes, 16 de junio de 2009
El examen más… extraño que he hecho.
La idea de que el amor nos ayude a hacer una investigación, que este sea parte de un curso titulado Sistemas de Razonamiento e Investigación Jurídica, más aún, que tenga un lugar en la ciencia jurídica y el derecho positivo que nos rige, seguro hubiese hecho que Hans Kelsen despertara de su tumba solo para volver a morir y curiosamente, a mí también me parecía estúpido. Pero entre todos los ensayos que hemos hecho, está el del amor ágape, que nos habla de una entrega absoluta y de tomar amor a todas las cosas que hacemos; y si bien es cierto, que en ningún libro de derecho, por lo menos no de los que he visto, se menciona al amor, mucho menos al ágape, qué mejor que hacer con amor toda investigación que hagamos hoy o en nuestra futura profesión. Como abogados, no se nos exige amar al cliente o ser solidarios con el oponente, pero sabemos que para guiarnos por la justicia y lograr que esta triunfe, debemos entregar el todo por el todo, es decir alma, vida y corazón. Y creo firmemente, que solo con amor, se puede lograr una investigación en la que tengamos que empaparnos de está, y conseguir al fin una respuesta, solución o denuncia concreta, que sea nuestro aporte solidario a la vida. Un ejemplo claro de esto, es Sicko, el reportaje de Michael Moore que nos muestra la realidad, por más cruel que sea, pero que demuestra la entrega y el empeño total que tuvo Moore al hacer su investigación, que sin duda alguna, nos enseña que el poder para el cambio está en nosotros mismos, y como dije en mi examen, es hoy que hay que hacerlo.
El problema con los seres humanos, es que vivimos en un constante caos, pensando siempre en un futuro, que creo, es lo que nos hace mantenernos en ese caos. Buscamos siempre una estabilidad en la vida, pero no aprendemos a convivir con lo que tenemos y solo para quejarnos servimos. El problema está en que entre más nos quejemos menos estabilidad habrá, y viviremos siempre en caos. Ahora, creemos que la estabilidad nos lleva a un orden, pero ¿cómo saber si es orden, si nunca hemos vivido en caos? En realidad, sucede que los seres humanos nos adaptamos muy rápido, y nos conformamos con un paradigma que se nos plantea, lo que empezamos a considerar “orden”, y si se nos altera ese “orden” decimos: “esto es un caos”, pero nos damos cuenta de que en realidad, ese caos sólo es romper con un paradigma planteado, y que lo necesitamos, para ver realmente cual es el orden que en verdad queremos y necesitamos, y no un simple orden que se nos ha planteado. Que el caos necesite del orden, y el orden necesite del caos, es lo que se conoce como ley de la complejidad.
Ese paradigma que se nos plantea, es todo lo que conocemos, y aceptamos como cierto y es el que nos impide ver más allá de esos lentes que nos implanta la sociedad; es eso que Ekhart Tolle denomina “lo no manifestado”, que es lo que realmente somos, lo que encontramos cuando nuestro orden planteado encuentra caos, y rompemos el frasco de apariencia en el que nos hemos encerrado por medio de la fuerza interior que poseemos, es ahí, cuando lo no manifestado surge de nuestro interior, y empezamos a ser.
Pero aprender todo esto, no se puede hacer separadamente; bien sabemos que la separación sólo nos conduce a crisis y problemas, pues no encontramos unidad ni con nosotros mismos. Es por eso que se insiste en una enseñanza holística que nos guíe a un mejor aprendizaje de nuestra vida y de lo que nos rodea. Por último, ese paradigma que se nos plantea, tiene una consecuencia que por lo general dejamos de lado: nos priva de ser lo que somos. Desde este punto enfocaría una investigación que enfocaría con el siguiente problema: ¿la privatización nació de nosotros, porque inclusive nosotros nos privamos de sí mismos? Es todo.
El problema con los seres humanos, es que vivimos en un constante caos, pensando siempre en un futuro, que creo, es lo que nos hace mantenernos en ese caos. Buscamos siempre una estabilidad en la vida, pero no aprendemos a convivir con lo que tenemos y solo para quejarnos servimos. El problema está en que entre más nos quejemos menos estabilidad habrá, y viviremos siempre en caos. Ahora, creemos que la estabilidad nos lleva a un orden, pero ¿cómo saber si es orden, si nunca hemos vivido en caos? En realidad, sucede que los seres humanos nos adaptamos muy rápido, y nos conformamos con un paradigma que se nos plantea, lo que empezamos a considerar “orden”, y si se nos altera ese “orden” decimos: “esto es un caos”, pero nos damos cuenta de que en realidad, ese caos sólo es romper con un paradigma planteado, y que lo necesitamos, para ver realmente cual es el orden que en verdad queremos y necesitamos, y no un simple orden que se nos ha planteado. Que el caos necesite del orden, y el orden necesite del caos, es lo que se conoce como ley de la complejidad.
Ese paradigma que se nos plantea, es todo lo que conocemos, y aceptamos como cierto y es el que nos impide ver más allá de esos lentes que nos implanta la sociedad; es eso que Ekhart Tolle denomina “lo no manifestado”, que es lo que realmente somos, lo que encontramos cuando nuestro orden planteado encuentra caos, y rompemos el frasco de apariencia en el que nos hemos encerrado por medio de la fuerza interior que poseemos, es ahí, cuando lo no manifestado surge de nuestro interior, y empezamos a ser.
Pero aprender todo esto, no se puede hacer separadamente; bien sabemos que la separación sólo nos conduce a crisis y problemas, pues no encontramos unidad ni con nosotros mismos. Es por eso que se insiste en una enseñanza holística que nos guíe a un mejor aprendizaje de nuestra vida y de lo que nos rodea. Por último, ese paradigma que se nos plantea, tiene una consecuencia que por lo general dejamos de lado: nos priva de ser lo que somos. Desde este punto enfocaría una investigación que enfocaría con el siguiente problema: ¿la privatización nació de nosotros, porque inclusive nosotros nos privamos de sí mismos? Es todo.
domingo, 7 de junio de 2009
Un país de nosotros o un país de “yo”
Cuando se le pide a ese observador observado, que está en constante crítica y reclamo con el mundo, con la vida, con los demás y con él mismo, que por un minuto, tan solo un minuto, deje de observar a los demás, a los errores que existen y deje de quejarse, porque eso no le sirve de nada, lo que probablemente se puede obtener por respuesta es: “así estoy bien, pero gracias.” Pero estar observando y criticando constantemente, nos conduce a una conducta individualista, en la que yo importo, y lo demás, bueno, eso no cuenta; y así se convierte nuestra vida, individualista; todo a nuestro alrededor estorba: el trabajo, la familia, bañarse, comer, ver tele, no escuchar música, que nos inviten a una fiesta, o que no nos inviten, que llueva, que haga sol, que gane Oscar Arias, o que gane Ottón, ser comunista o ser capitalista, o no ser nada, vivir o no vivir porque todo DA IGUAL. Y cuando todos son observadores criticones que no se observan a sí mismos, habitantes todos de un mismo lugar: el mundo, dividido este en países, pasamos a vivir en un país de “yo”, de muchos “yos”, donde “yo” importo, y soy el único que piensa correctamente, que sé la “verdad” y que puede juzgar a los demás. Costa Rica, mi país… este, es un país de “yo”, donde el nosotros que nos invita a una colectividad y un pensar en el bien común, ha quedado atrás, y no habita en la mente del ser costarricense.
lunes, 18 de mayo de 2009
Sencillamente: Solidaridad. Por un respiro al mundo
jueves, 16 de abril de 2009
La privatización
Basándome en la conferencia que dio el Señor Arnoldo Córdoba, politólogo y doctor en Derecho, mexicano; la privatización es un proceso en el cual aquellas empresas que están a manos del Estado, pasan o son transferidas a dueños privados, es decir, del sector público (Estado) al sector privado. Recordando que el Estado, es la institución que gobierna al pueblo, y que tiene como hegemonía lograr el bienestar de sus gobernados, se supone que la privatización debería beneficiar a todos y no solo a unos cuantos, claro está, en teoría. Se da por razones de “libre competencia” y mercado, explicaba don Arnoldo, permitiendo la intervención de ajenos al gobierno, en la economía directa de un país.
Como punto negativo de la privatización, y en especial de los países “subdesarrollados” de Latinoamérica, citaba el Dr. Córdoba que las empresas pertenecientes al Estado, son compradas por compañías transnacionales (aprovechando el bajo costo y la mano de obra barata), que obtienen los mismos beneficios de una compañía del sector público con la única y mínima diferencia de que las ganancias no quedan en el país que produce sino en el país de origen de estas empresas; manteniéndole al país subdesarrollado en ese estado.
Como ejemplos el Señor Arnoldo citaba la privatización de dos de los bancos estatales de su país de origen: México; el BANCOMEX (Banco de Comercio Mexicano) y el Banco Nacional de México, y comentaba como un hombre sin dinero, de pronto se convirtió en el dueño de uno de estos bancos. El comentaba que curiosamente la privatización beneficia a los amigos, familiares y allegados de los que, en determinado momento, poseen el poder.
Como segundo ejemplo, puedo citar la privatización de la Banca Nacional, antes solo existían los bancos estatales; hoy en día, en Costa Rica contamos con una amplia gama de bancos entre los que puedo citar el Scotiabank, el BCT, el City Bank, la Banca Promérica, y otro montón de bancos más.
Como último ejemplo, cito la privatización que surgirá, por ejemplo, en el sector de las telecomunicaciones con la aprobación del TLC (Tratado de Libre Comercio), con los Estados Unidos. Pasarán del Grupo ICE a muchas empresas transnacionales, por lo que las telecomunicaciones no pertenecerán solo al sector público, sino también al sector privado.
En cuanto a mi opinión al respecto de la privatización, considero que es una manera más de que el poderoso y adinerado siga ascendiendo, y el resto de personas, paguen por esa fortuna, que la clase magna, obtiene diariamente.
Basándome en la conferencia que dio el Señor Arnoldo Córdoba, politólogo y doctor en Derecho, mexicano; la privatización es un proceso en el cual aquellas empresas que están a manos del Estado, pasan o son transferidas a dueños privados, es decir, del sector público (Estado) al sector privado. Recordando que el Estado, es la institución que gobierna al pueblo, y que tiene como hegemonía lograr el bienestar de sus gobernados, se supone que la privatización debería beneficiar a todos y no solo a unos cuantos, claro está, en teoría. Se da por razones de “libre competencia” y mercado, explicaba don Arnoldo, permitiendo la intervención de ajenos al gobierno, en la economía directa de un país.
Como punto negativo de la privatización, y en especial de los países “subdesarrollados” de Latinoamérica, citaba el Dr. Córdoba que las empresas pertenecientes al Estado, son compradas por compañías transnacionales (aprovechando el bajo costo y la mano de obra barata), que obtienen los mismos beneficios de una compañía del sector público con la única y mínima diferencia de que las ganancias no quedan en el país que produce sino en el país de origen de estas empresas; manteniéndole al país subdesarrollado en ese estado.
Como ejemplos el Señor Arnoldo citaba la privatización de dos de los bancos estatales de su país de origen: México; el BANCOMEX (Banco de Comercio Mexicano) y el Banco Nacional de México, y comentaba como un hombre sin dinero, de pronto se convirtió en el dueño de uno de estos bancos. El comentaba que curiosamente la privatización beneficia a los amigos, familiares y allegados de los que, en determinado momento, poseen el poder.
Como segundo ejemplo, puedo citar la privatización de la Banca Nacional, antes solo existían los bancos estatales; hoy en día, en Costa Rica contamos con una amplia gama de bancos entre los que puedo citar el Scotiabank, el BCT, el City Bank, la Banca Promérica, y otro montón de bancos más.
Como último ejemplo, cito la privatización que surgirá, por ejemplo, en el sector de las telecomunicaciones con la aprobación del TLC (Tratado de Libre Comercio), con los Estados Unidos. Pasarán del Grupo ICE a muchas empresas transnacionales, por lo que las telecomunicaciones no pertenecerán solo al sector público, sino también al sector privado.
En cuanto a mi opinión al respecto de la privatización, considero que es una manera más de que el poderoso y adinerado siga ascendiendo, y el resto de personas, paguen por esa fortuna, que la clase magna, obtiene diariamente.
domingo, 5 de abril de 2009
EL CAOS Y EL ORDEN
Si te imaginas por un momento, solo un segundo, ¿Cómo sería el mundo si todos los seres humanos anduviésemos más despacio?, y meditas sobre esto, te darías cuenta de que vivimos en un completo caos, y que imaginarse algo diferente es difícil, puesto que en nuestra mente, la paciencia, la calma, y más específico aún, el orden, no impera, peor aún, en algunos, ni tan siquiera existe.
Desde que nacemos, es más, desde antes de ser concebidos, es curioso, pero todo se resume a una carrera: por eso el espermatozoide más rápido es el que logra fecundar el óvulo. Nacemos, y desde que empezamos a utilizar la razón, nos damos cuenta de que todo es competencia: ser el bebé más lindo, ser el hermano mejor portado, ser el mejor promedio del aula, tener el listado más grande de conquistas, ser las más popular, tener el mejor promedio de admisión; y así en cada una de las situaciones cotidianas, ¿naturaleza humana... o… costumbre? Quien sabe, lo que si está claro, es que constantemente estamos apurados, como que si fuésemos perseguidos o algo así, siempre compitiendo por ser el mejor, llegar a tiempo, causar impacto o impresión, pero nunca, disfrutando ese pequeño momento, ese instante, este instante.
Supongo que acá es donde surge el caos, cuando se altera la normalidad de las cosas; lo curioso, es que a opinión propia, se vive en una constante, más aún, permanente alteración. El caos nos lleva a desesperarnos y buscar lo que tuvimos en un principio: orden. Pero, el orden no es más que un estado relativo, al menos para mí; puesto que mi orden, pueda que incomode a un segundo y se convierta en su caos o viceversa. Del caos, surge el orden… o… del orden surge el caos. Al parecer es una cuestión cíclica, pero uno va acompañado del otro. Lo más razonable sería que no tomemos las cosas a la ligera, sino que las disfrutemos, vivamos, sintamos, y desde luego, esto nos llevaría a una paz interior, que algunos conocen como orden, para otros, para mí, es simplemente paz, que claro está, no valoraría si no hubiese vivido en un caos.
Si te imaginas por un momento, solo un segundo, ¿Cómo sería el mundo si todos los seres humanos anduviésemos más despacio?, y meditas sobre esto, te darías cuenta de que vivimos en un completo caos, y que imaginarse algo diferente es difícil, puesto que en nuestra mente, la paciencia, la calma, y más específico aún, el orden, no impera, peor aún, en algunos, ni tan siquiera existe.
Desde que nacemos, es más, desde antes de ser concebidos, es curioso, pero todo se resume a una carrera: por eso el espermatozoide más rápido es el que logra fecundar el óvulo. Nacemos, y desde que empezamos a utilizar la razón, nos damos cuenta de que todo es competencia: ser el bebé más lindo, ser el hermano mejor portado, ser el mejor promedio del aula, tener el listado más grande de conquistas, ser las más popular, tener el mejor promedio de admisión; y así en cada una de las situaciones cotidianas, ¿naturaleza humana... o… costumbre? Quien sabe, lo que si está claro, es que constantemente estamos apurados, como que si fuésemos perseguidos o algo así, siempre compitiendo por ser el mejor, llegar a tiempo, causar impacto o impresión, pero nunca, disfrutando ese pequeño momento, ese instante, este instante.
Supongo que acá es donde surge el caos, cuando se altera la normalidad de las cosas; lo curioso, es que a opinión propia, se vive en una constante, más aún, permanente alteración. El caos nos lleva a desesperarnos y buscar lo que tuvimos en un principio: orden. Pero, el orden no es más que un estado relativo, al menos para mí; puesto que mi orden, pueda que incomode a un segundo y se convierta en su caos o viceversa. Del caos, surge el orden… o… del orden surge el caos. Al parecer es una cuestión cíclica, pero uno va acompañado del otro. Lo más razonable sería que no tomemos las cosas a la ligera, sino que las disfrutemos, vivamos, sintamos, y desde luego, esto nos llevaría a una paz interior, que algunos conocen como orden, para otros, para mí, es simplemente paz, que claro está, no valoraría si no hubiese vivido en un caos.
martes, 24 de marzo de 2009
EL AMOR ÁGAPE
El amor, un tema tan común (por entablarlo de alguna forma), y sin embargo con tantos agujeros, sin fondos, cuestionantes y pocas respuestas. Inspiración de poetas y pintores, de doctores y sacerdotes, de madres y amantes, de empresarios y republicanos, terroristas y religiosas, ¡Oh, sí! El amor, tema de todos, ignorado por muchos. Pero, ¿existirá un solo amor o varios tipos?, ¿cómo para una palabra pueden haber miles de conceptos? Si se le pregunta el concepto que manejan de amor a trescientos seres humanos, los trescientos contestarán algo completamente diferente, ¿Por qué? Bueno, todos percibimos el amor de diferentes maneras, algunos hemos amado más que otros, otros mejor, algunos luchamos por encontrarlo y otros por huir de este, pero enfrentémoslo, todo ser humano a escuchado, percibido, saboreado, visto e incluso olido el amor, pues este se presenta de mil y una formas, todas distintas, y toda persona, lo experimenta de una manera diferente a los demás.
Es interesante como cuando, por ejemplo, empezamos una relación con una persona, existen mil maneras de iniciar una relación (una larga amistad y después el noviazgo, una simple casualidad del destino en el momento exacto en el lugar correcto, atracción física y deseo sexual, amor a primera vista, etc.), pero sea a como sea, una relación. Y después de cierto tiempo, te das cuenta de que amas a esa persona, que no importa cuantos defectos tenga, si es gordo(a) o muy flaco(a), si su estatura no es la más atractiva, si discutimos mucho o no peleamos por nada, si padece de celos o parece que no le importa en lo más mínimo con quien hables o que hagas, sea a como sea, sabes que lo(a) amas. Pero, ese amor no se parece en lo absoluto al amor que sientes por tu madre, por un hermano, por tu mejor amigo(a), mucho menos por tu auto, o el celular, o la cadena que te regaló aquella persona tan especial, la carrera que llevas, o el amor que sientes hacia Dios, y no sé, pero al menos yo, me he preguntado: ¿cómo es posible querer de tantas maneras y sentir diferentes formas de amor, después de todo amor es amor, cierto?
Para muchos idiomas, amar, y toda su conjugación se utiliza como un todo general, me explico: “¡Te amo!” (Se le dice a una mamá, a un novio, a una amiga, a Dios, a una abuela), “Amo el helado de choco-almendras”, “¡Uy! Yo amo esa película”. “Amo”, “amor”, “amar”, “amé”, decir te quiero, decir amor, parece que lo decimos como si no significasen nada. Simplemente, una palabra más. Pero, investigando un poco para poder realizar este ensayo, observé que en otras culturas, específicamente en la griega, se hacía una diferenciación entre los tipos de amor, curioso: TIPOS de amor. Eso responde a mi pregunta, en definitiva existen muchas formas de amor, puesto que en este mundo, a mi percepción de la vida, lo realmente verdadero es el amor, de ahí en adelante, TODO puede ser una farsa. En nombre del amor, se han dado, dan y darán tantos acontecimientos (históricos y no tan notorios), pero sí, todo por amor.
Retomando lo de la cultura griega (su separación en los conceptos de amor), el sistema de los griegos, fue bastante elaborado. Pues ellos razonaron en este uso deliberado de la palabra amor, o más bien, en las diferentes formas de amar que existían y crearon cuatro definiciones para dichas clases de amor: el Eros: que a lo que comprendí, es un amor carnal, pasional, y que básicamente se da entre una pareja, se podría decir que un amor erótico. El Fileo: un amor entre padres e hijos, un amor de lazos filiales, de ahí la palabra. El Storge lo utilizaban para referirse a ese amor que se tiene en una amistad, es decir, entre amigos, esos lazos fuertes que inclusive a veces llaman más que la sangre. Y el último, pero no menos importante, el Ágape, que es un amor que sólo puede provenir de una fuerza mayor, al ser humano y a su voluntad propia. A creencia de los griegos (la cual comparto) es un amor que solo Dios, puede darnos.
Es precisamente este último tipo de amor, el que realmente importa en este ensayo, ¿por qué?, bueno, es muy fácil amar a nuestra familia, se dice por ahí que la sangre llama; es súper sencillo querer a quien nos quiere (llámese novio(a), amigo(a), esposo(a), jefe(a), doctor(a)) porque no nos hace ningún daño, al contrario, busca nuestro bienestar. Pero, y voy a poner un ejemplo para explicarme: es lindo sentir ese amor hacia una pareja, sientes que das el mundo entero por él/ella de ser necesario, pero, ¿qué pasa si te engaña con otra, y descubres que es infiel?; lo(a) odias, no quieres tenerlo(a) cerca ni un instante, lo(a) alejas y bueno… ¿a dónde fue aquel grandísimo amor que sentías?. Se sobreentiende que no es fácil perdonar, “¿Yo?, ¿Hablarle a ese(a) sinvergüenza? NUNCA, ¿porqué si él(ella) me mintió?” y toda una retahíla increíble. Bueno, precisamente el amor ágape, es esa clase de amor que permite que saludes a tu ex-pareja y no sientas el más mínimo rencor hacia ella.
Nótese, que esta clase de amor, es un amor completamente desinteresado, no hay ganancia de por medio, más que ver al otro o los otros individuos felices. Y como humanos que somos, esto nos resulta un tanto bastante difícil. ¿Porqué? Bueno, a mi parecer, vivimos en una sociedad completamente individualista, a nadie le importa qué suceda con el vecino de la par, el compañero de trabajo, el indigente de la acera, el diputado corrupto de la Asamblea, el buen ministro, el Sr. Presidente, el sacerdote de la Parroquia tal, o la esposa del pastor de aquella congregación “X”. No, ya nada importa, no interesa si una actividad que queremos llevar a cabo le afecta a los otros a mi entorno, es como “primero yo, segundo yo y lo que queda, para yo”. YO, YO, YO.. y cuando vemos, estamos jugando yo-yo, arriba y abajo, arriba y abajo, pero nunca, jamás, al lado.
Y el amor ágape, es muy puro para esta sociedad tan basura, tan individualista. El amor ágape, se interesa por ayudar, brindar amor, ser inocente, servicial, ser esa gota de agua en el desierto, ese hombro cuando nos vamos a caer, es ese amor que impulsa a una persona a que no le importe si tiene que ir a limpiar mierdas a un pordiosero, porque lo que realmente nota, es que está dejando limpio a su semejante. Ese amor que impulsó a la Madre Teresa de Calcuta a dejar toda riqueza material y encontrar la mayor riqueza del mundo, la sonrisa agradecida de un alma necesitada. Ese fervor que sienten los trabajadores voluntarios o los misioneros que dejan a sus familias, países, costumbres, seres querido y demás, por ir a ayudar a otros seres humanos.
A mi parecer, es esta, la clase de amor que solo Dios puede otorgar a un ser humano, porque, por sí solos, si encontrarse a sí mismos, y sin observarse (hacia adentro), el ser humano realmente, es horrible e incapaz de preocuparse por los demás pues solo ve nada. Es este amor, aquel que no se nos otorga al nacer, y que mientras duré nuestra vida, debemos luchar por ganarlo, al menos por acercárnosle… pues nos convierte en mejores personas. Ágape, ama, sin peros, sin reservas, aclaro, no es que sea un amor impulsivo o pasionario, es que si tienes que morir por salvar a una persona, inclusive si no la conoces o es tu enemigo, lo haces y con amor, sin esperar nada a cambio, porque salvaste la vida de alguien a quien amas, no porque le conoces o le aprecias, si no porque le aceptas como uno igual a ti, semejante.
Respaldo mi argumento de que viene solo de Dios: en la Biblia, está tipificado en Romanos 5:5: “...porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". Solo, por medio del Espíritu, conseguimos amar. Y más claro está en la Primera Carta de Juan (4:7-8): “Amados, amaos los unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” Solo aquel que esta íntimamente ligado con su espiritualidad, puede poseer un amor ágape, y estar dispuestos a dar lo que sea, por quien sea.
El amor, un tema tan común (por entablarlo de alguna forma), y sin embargo con tantos agujeros, sin fondos, cuestionantes y pocas respuestas. Inspiración de poetas y pintores, de doctores y sacerdotes, de madres y amantes, de empresarios y republicanos, terroristas y religiosas, ¡Oh, sí! El amor, tema de todos, ignorado por muchos. Pero, ¿existirá un solo amor o varios tipos?, ¿cómo para una palabra pueden haber miles de conceptos? Si se le pregunta el concepto que manejan de amor a trescientos seres humanos, los trescientos contestarán algo completamente diferente, ¿Por qué? Bueno, todos percibimos el amor de diferentes maneras, algunos hemos amado más que otros, otros mejor, algunos luchamos por encontrarlo y otros por huir de este, pero enfrentémoslo, todo ser humano a escuchado, percibido, saboreado, visto e incluso olido el amor, pues este se presenta de mil y una formas, todas distintas, y toda persona, lo experimenta de una manera diferente a los demás.
Es interesante como cuando, por ejemplo, empezamos una relación con una persona, existen mil maneras de iniciar una relación (una larga amistad y después el noviazgo, una simple casualidad del destino en el momento exacto en el lugar correcto, atracción física y deseo sexual, amor a primera vista, etc.), pero sea a como sea, una relación. Y después de cierto tiempo, te das cuenta de que amas a esa persona, que no importa cuantos defectos tenga, si es gordo(a) o muy flaco(a), si su estatura no es la más atractiva, si discutimos mucho o no peleamos por nada, si padece de celos o parece que no le importa en lo más mínimo con quien hables o que hagas, sea a como sea, sabes que lo(a) amas. Pero, ese amor no se parece en lo absoluto al amor que sientes por tu madre, por un hermano, por tu mejor amigo(a), mucho menos por tu auto, o el celular, o la cadena que te regaló aquella persona tan especial, la carrera que llevas, o el amor que sientes hacia Dios, y no sé, pero al menos yo, me he preguntado: ¿cómo es posible querer de tantas maneras y sentir diferentes formas de amor, después de todo amor es amor, cierto?
Para muchos idiomas, amar, y toda su conjugación se utiliza como un todo general, me explico: “¡Te amo!” (Se le dice a una mamá, a un novio, a una amiga, a Dios, a una abuela), “Amo el helado de choco-almendras”, “¡Uy! Yo amo esa película”. “Amo”, “amor”, “amar”, “amé”, decir te quiero, decir amor, parece que lo decimos como si no significasen nada. Simplemente, una palabra más. Pero, investigando un poco para poder realizar este ensayo, observé que en otras culturas, específicamente en la griega, se hacía una diferenciación entre los tipos de amor, curioso: TIPOS de amor. Eso responde a mi pregunta, en definitiva existen muchas formas de amor, puesto que en este mundo, a mi percepción de la vida, lo realmente verdadero es el amor, de ahí en adelante, TODO puede ser una farsa. En nombre del amor, se han dado, dan y darán tantos acontecimientos (históricos y no tan notorios), pero sí, todo por amor.
Retomando lo de la cultura griega (su separación en los conceptos de amor), el sistema de los griegos, fue bastante elaborado. Pues ellos razonaron en este uso deliberado de la palabra amor, o más bien, en las diferentes formas de amar que existían y crearon cuatro definiciones para dichas clases de amor: el Eros: que a lo que comprendí, es un amor carnal, pasional, y que básicamente se da entre una pareja, se podría decir que un amor erótico. El Fileo: un amor entre padres e hijos, un amor de lazos filiales, de ahí la palabra. El Storge lo utilizaban para referirse a ese amor que se tiene en una amistad, es decir, entre amigos, esos lazos fuertes que inclusive a veces llaman más que la sangre. Y el último, pero no menos importante, el Ágape, que es un amor que sólo puede provenir de una fuerza mayor, al ser humano y a su voluntad propia. A creencia de los griegos (la cual comparto) es un amor que solo Dios, puede darnos.
Es precisamente este último tipo de amor, el que realmente importa en este ensayo, ¿por qué?, bueno, es muy fácil amar a nuestra familia, se dice por ahí que la sangre llama; es súper sencillo querer a quien nos quiere (llámese novio(a), amigo(a), esposo(a), jefe(a), doctor(a)) porque no nos hace ningún daño, al contrario, busca nuestro bienestar. Pero, y voy a poner un ejemplo para explicarme: es lindo sentir ese amor hacia una pareja, sientes que das el mundo entero por él/ella de ser necesario, pero, ¿qué pasa si te engaña con otra, y descubres que es infiel?; lo(a) odias, no quieres tenerlo(a) cerca ni un instante, lo(a) alejas y bueno… ¿a dónde fue aquel grandísimo amor que sentías?. Se sobreentiende que no es fácil perdonar, “¿Yo?, ¿Hablarle a ese(a) sinvergüenza? NUNCA, ¿porqué si él(ella) me mintió?” y toda una retahíla increíble. Bueno, precisamente el amor ágape, es esa clase de amor que permite que saludes a tu ex-pareja y no sientas el más mínimo rencor hacia ella.
Nótese, que esta clase de amor, es un amor completamente desinteresado, no hay ganancia de por medio, más que ver al otro o los otros individuos felices. Y como humanos que somos, esto nos resulta un tanto bastante difícil. ¿Porqué? Bueno, a mi parecer, vivimos en una sociedad completamente individualista, a nadie le importa qué suceda con el vecino de la par, el compañero de trabajo, el indigente de la acera, el diputado corrupto de la Asamblea, el buen ministro, el Sr. Presidente, el sacerdote de la Parroquia tal, o la esposa del pastor de aquella congregación “X”. No, ya nada importa, no interesa si una actividad que queremos llevar a cabo le afecta a los otros a mi entorno, es como “primero yo, segundo yo y lo que queda, para yo”. YO, YO, YO.. y cuando vemos, estamos jugando yo-yo, arriba y abajo, arriba y abajo, pero nunca, jamás, al lado.
Y el amor ágape, es muy puro para esta sociedad tan basura, tan individualista. El amor ágape, se interesa por ayudar, brindar amor, ser inocente, servicial, ser esa gota de agua en el desierto, ese hombro cuando nos vamos a caer, es ese amor que impulsa a una persona a que no le importe si tiene que ir a limpiar mierdas a un pordiosero, porque lo que realmente nota, es que está dejando limpio a su semejante. Ese amor que impulsó a la Madre Teresa de Calcuta a dejar toda riqueza material y encontrar la mayor riqueza del mundo, la sonrisa agradecida de un alma necesitada. Ese fervor que sienten los trabajadores voluntarios o los misioneros que dejan a sus familias, países, costumbres, seres querido y demás, por ir a ayudar a otros seres humanos.
A mi parecer, es esta, la clase de amor que solo Dios puede otorgar a un ser humano, porque, por sí solos, si encontrarse a sí mismos, y sin observarse (hacia adentro), el ser humano realmente, es horrible e incapaz de preocuparse por los demás pues solo ve nada. Es este amor, aquel que no se nos otorga al nacer, y que mientras duré nuestra vida, debemos luchar por ganarlo, al menos por acercárnosle… pues nos convierte en mejores personas. Ágape, ama, sin peros, sin reservas, aclaro, no es que sea un amor impulsivo o pasionario, es que si tienes que morir por salvar a una persona, inclusive si no la conoces o es tu enemigo, lo haces y con amor, sin esperar nada a cambio, porque salvaste la vida de alguien a quien amas, no porque le conoces o le aprecias, si no porque le aceptas como uno igual a ti, semejante.
Respaldo mi argumento de que viene solo de Dios: en la Biblia, está tipificado en Romanos 5:5: “...porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". Solo, por medio del Espíritu, conseguimos amar. Y más claro está en la Primera Carta de Juan (4:7-8): “Amados, amaos los unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” Solo aquel que esta íntimamente ligado con su espiritualidad, puede poseer un amor ágape, y estar dispuestos a dar lo que sea, por quien sea.
jueves, 19 de marzo de 2009
Ensayo: El Abogado del Diablo
El Abogado del Diablo
“… ¿Un abogado con conciencia? Increíble…”
Inicié mi ensaño con una frase, expresada por un reportero en la película El Abogado del Diablo, ¿Porqué? Fácil, se habla de miles de profesiones y se les asocia con una labor precisa, específica, veamos; doctores: salvar vidas, arquitectos: diseñar planos, pintores: elaborar obras de arte, ingenieros químicos: crear productos, educadores: enseñar, criminólogos: investigar escenas de crimen; y así con cada una de las profesiones o los oficios. Sin embargo, si se pregunta por la labor de un abogado, ¿se tiene una respuesta específica? No. Pero si hay muchas conjeturas acerca de ellos, por ejemplo: ladrones, mentirosos, embusteros, traicioneros, corruptos, estafadores, mediadores, ambiciosos, y otro montón de… cualidades. Más no se le conoce a un abogado como justiciero. Porque si bien toda persona tiene derecho a ser juzgada antes de ser condenada, existen personas que para la sociedad son malas, y que estas estén siendo defendidas por un abogado, hace que se considere a este igual o peor que su cliente. Lo que lleva a la gente a pensar que como abogado, se carece de conciencia.
Lo irónico e ilógico de la vida, es que en las manos de un abogado se encuentra el manojo de cartas que definen la vida de cientos de personas, directa o indirectamente: el valor de la inocencia robada a una niña, los años de libertad que le quedan a un asesino, el futuro de una empresa, la reputación de un fulano, la seguridad de su familia, el bienestar de sus testigos, la opinión pública, y un sin número de cosas más. Lo más curioso, lo realmente intrigante, es como esta posesión de poder, ciega desde el más corrupto, aquel que solo posee la ambición de tener una firma grande y ganar mucho dinero, hasta al más justo, aquel que al jurar, realmente lo hacía con la esperanza y el deseo de cumplir su juramento.
Entonces, ¿cómo puede ser posible que un abogado carezca de conciencia, si tiene tanta responsabilidad en sus manos? Tal vez es cierto, por tanto poder, se pierde el sentido lógico, común, inclusive la dirección tomada, el camino elegido, se da una variación de lo que se considera correcto o incorrecto, y cierta incertidumbre sobre lo que se debe hacer y lo que no. Es trágico, así no debería suceder, pero le ocurre a la mayoría de humanos que prueban el exquisito sabor del poder por lo menos por un microsegundo, ¿ahora a un abogado, que convive a diario con este? Sí, tal vez, solo tal vez, sea muy fácil caer en esa divina tentación. Y entonces se empiece a hablar de una carencia de conciencia, porque llega un punto en el que ya no importa lo que se deba hacer con tal de mantenerse constante en el poder.
La trama de El Abogado del Diablo, trata de un abogado exitoso, llevaba una racha de ningún caso perdido, persuasivo, intrigante, conciso, elocuente, el tipo daba justo en la llaga, y ganaba todo caso, reunía en sí las características necesarias y otras especiales y únicas que lo convertían en todo un prodigio en materia legal. Sin embargo, uno de sus casos, lo llevo a enfrentarse con una realidad cruel, su cliente era culpable, (¿Qué hacer? ¿Seguir con la racha de no pérdidas, o, liberar a un culpable?) Como podría verse al espejo y saber que había dejado libre a un monstruo, pero al mismo tiempo, como verse al espejo y saber que pudiendo, no ganó un caso.
Me detengo acá, para iniciar un pequeño debate. Que tal la siguiente situación: Eres un(a) abogado(a), a tu asignación tienes un caso de renombre, además, tienes la gloria y la fama, tan anheladas por cualquier humano, y tienes suficientes pruebas y fundamentos para seguir manteniendo tu prestigio y tu buen desempeño en la corte, pero, ¡sorpresa!: tienes al culpable en tus manos, lo peor, es que sabes que es culpable, entonces, ¿que harías? ¿Lo defiendes hasta demostrar su “inocencia”? o ¿Dejas el caso, te retiras y te responsabilizas de las consecuencias correspondientes a tu acto?
Aquí es donde, a opinión personal, empieza la lucha interna de un abogado, cuando todavía posee y además acepta y practica como suya una moral. Pero entonces, también esta la bendita soberbia, característica de nosotros los humanos, además de la constante ¿Qué dirán?, y esto sumado a la vanidad, dulce vanidad, nos ayuda a crear un monstruo, careciente, no de conciencia, si no de humanidad; ahora lo que tenemos es una máquina, ambiciosa de triunfo, tenga este el precio que tenga. Dispuesta a comprar inclusive con sangre humana una victoria. Una guerra, entre la moral y la vanidad, entre lo que creemos correcto y lo que hemos visto siempre como incorrecto. El problema es que también se nos ha enseñado que ganar es certero, y que hay que desempeñar un buen trabajo siempre. Pero también se nos inculca que debemos decir la verdad, inclusive disfrazarla es malo. Y… si, ¿cómo librar y además salir victorioso de esta dichosa batalla?
Prosigo con la película; el afortunado abogado, escogió su fama y prestigio, por encima del crimen cometido por su cliente. Después de tan afortunado resultado: la victoria, decidió celebrar. Entonces, inesperadamente recibió una oferta de trabajo que, ¿cómo rechazarla, si le ofrecía la propuesta de convertirle en poseedor de una exquisita cantidad de oro verde? Así que acepto, pero al llegar a su nuevo trabajo, empezó a observar que sus casos tenían algo peculiar, sus clientes eran culpables, lo que hizo en su antiguo juicio, tuvo que repetirlo, una y otra vez. La trama continúa y él se da cuenta de que lo único que tiene, es dinero. Maldito dinero que saca de cualquier hombre los más viles sentimientos. Lo que continúa de la película, es una buena trama, pero no es realmente necesario para mi ensayo.
Lo más importante de la trama, a mi parecer, radica en: ¿Porqué un abogado? ¿Porqué no doctor, o ingeniero, o arquitecto? El diablo, elige un bufete de abogados para sus intenciones. Más real, un cinematógrafo elige esta profesión para su película, ¿qué quiso dar a entender con eso? Fácil: “la Ley, nos da acceso a todo. Es el paso supremo para entrar a los camerinos, es el nuevo sacerdocio” Existen más estudiantes de Derecho que abogados caminando por las calles, ¿porqué? Porque es excitante, relajante, única, poderosa, es “matar con gentileza” a aquel que se nos imponga, encierra la ambición y el exquisito sabor del conocimiento, mejor aún, saber que se este se posee.
La clave de un abogado, mantenerse inocuo, tranquilo, después de todo: “a todo perro le llega su huesito”. La astucia del diablo: NADIE lo ve venir, pero el llega. Indiferentemente de si exista un diablo o no, lo que menos se espera, nuestro mayor miedo, nuestro peor temor, esta siempre a la vuelta de la esquina.
martes, 17 de marzo de 2009
No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.
Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.
Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.
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